Aprender francés implica mucho más que incorporar una lengua extranjera para dedicarse a la docencia. Puede significar acceder a una beca, estudiar en otro país, trabajar como guía de turismo, participar de un evento internacional, especializarse en gastronomía o vitivinicultura, enseñar español en Francia o incluso desarrollar una actividad profesional en alguno de los numerosos países donde se habla el idioma.

Esa mirada, que busca alejarlo de la idea de una lengua reservada a las aulas o asociada exclusivamente con Francia, atraviesa la conversación con cuatro integrantes del comité organizador del Congreso Nacional de Profesores de Francés que se realizará en Tucumán (ver nota aparte).

Rosa Werner, presidenta de la Asociación de Profesores de Francés de Tucumán y de la Federación Argentina de Profesores de Francés; María Julia Pourrieux, directora del Departamento de Francés de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT; Raquel Pastor, presidenta del Comité Académico del Congreso; y Mariana Sawaya, directora de la Alianza Francesa, coinciden en que el idioma conserva un espacio propio en la educación y que, al mismo tiempo, tiene posibilidades de expansión.

“Aprender una lengua es aprender una cultura”, resume Sawaya. Esa es una de las razones centrales para acercarse al francés, más allá de cualquier utilidad inmediata. Se debe a que el aprendizaje de una lengua extranjera permite entrar en contacto con otras formas de organizar el tiempo, el espacio, las relaciones sociales y la vida cotidiana. Pero también produce un efecto sobre quien aprende, ya que obliga a mirar la propia cultura desde una perspectiva diferente.

“Cuando me confronto a esa otra lengua, esa mirada se vuelve sobre la mía propia y descubro mi identidad”, explica Werner. No se trata, aclara, de establecer qué cultura es mejor, sino de reconocer que son diferentes.

Orgullo: tres estudiantes llevarán el español y la cultura de Tucumán a las aulas de Francia

Ese enfoque intercultural se vincula con una defensa más amplia del plurilingüismo. “Aprender lengua suma”, sostiene Werner. Y en esa concepción entran también el portugués, el italiano, el alemán, el chino y otros idiomas.

La provincia cuenta con una trayectoria particularmente extensa. El francés está presente en instituciones de distintos niveles y hay actualmente más de 40 escuelas secundarias donde se enseña el idioma. A eso se suman la formación terciaria y universitaria y dos profesorados.

La Escuela Normal es uno de los ejemplos de esa tradición. Para las docentes, la experiencia demuestra que el contacto temprano con una lengua extranjera puede dejar una marca que excede el aprendizaje estrictamente lingüístico. “Lo vemos en las universidades”, cuentan. Aun cuando el desempeño académico posterior no sea necesariamente excepcional, quienes tuvieron una formación intensiva en lenguas suelen llegar a la universidad con “otra mirada”, señalan.

El desafío consiste ahora en ampliar esos espacios. No necesariamente mediante una incorporación masiva del francés como asignatura obligatoria en todas las escuelas, sino por medio de talleres, experiencias de acercamiento y propuestas plurilingües que permitan entrar en contacto con distintas lenguas desde edades tempranas.

Para destacar

Uno de los puntos que las especialistas consideran necesario visibilizar es la variedad de salidas laborales. El docente sigue siendo un perfil central, pero no es el único. Los egresados pueden desempeñarse como guías de turismo, intérpretes, asistentes en eventos internacionales, coordinadores de grupos de conversación o preparadores para exámenes internacionales.

También hay una demanda creciente de lo que se denomina “francés con objetivos específicos”: enseñar el idioma asociado a una determinada actividad profesional. La gastronomía, la hotelería y el turismo aparecen entre los campos más evidentes. Pero también la agronomía y la vitivinicultura. En la Escuela de Agricultura, por ejemplo, se desarrollaron experiencias orientadas a enseñar un francés específico para ese campo y no solamente una lengua de uso general.

La misma lógica se está incorporando a otras formaciones. Las docentes participaron recientemente en la elaboración de un programa para una tecnicatura vinculada con la organización de eventos, donde el francés tendrá un lugar. “Hay que articular disciplinas escolares con el francés”, explican. Es una experiencia que el inglés desarrolla desde hace años y que el francés busca profundizar.

Cruzando fronteras

“El francés no es Francia”, remarcan las entrevistadas. El idioma forma parte de una comunidad internacional extendida por los cinco continentes. Esa dimensión francófona abre otras posibilidades. Un arquitecto puede participar de un proyecto en África; un investigador puede acceder a bibliografía y redes académicas en Canadá; un profesional puede intervenir en congresos internacionales.

También existen programas de intercambio y becas. Un programa que lleva seis décadas y que permite a estudiantes argentinos viajar a Francia para enseñar español cuenta actualmente con seis tucumanos entre sus becarios.

La enseñanza virtual abrió, además, un nuevo campo laboral. Muchos graduados comenzaron durante la pandemia a dar clases a distancia y hoy preparan estudiantes de diferentes lugares del mundo para exámenes internacionales.

La Carrera de Francés de la UNT tampoco se limita al dominio de la lengua, explica Pourrieux. Durante la formación aparecen contenidos de historia, literatura, lingüística, filosofía y latín, entre otras disciplinas. Esa amplitud, sostiene, permite que los graduados cuenten con herramientas para continuar estudios de posgrado y desempeñarse en diferentes ámbitos.

Las oportunidades de formación internacional también forman parte de esa trayectoria. Docentes y estudiantes acceden a becas y programas de intercambio con universidades de Francia y otros países francófonos.

El resultado es una comunidad relativamente pequeña en la UNT, pero con una fuerte continuidad. “Entran 15 estudiantes y se reciben prácticamente los mismos”, cuenta. Esa baja deserción permite un vínculo cercano entre docentes y estudiantes y genera una formación acompañada durante toda la carrera. Tucumán, además, exporta profesores. Hay egresados que trabajan en otras provincias y en la Ciudad de Buenos Aires, donde también existe una oferta importante de francés.

Un desafío

El debate excede, entonces, la supervivencia de una lengua dentro del sistema educativo. Lo que las docentes plantean es la necesidad de recuperar una política de enseñanza de idiomas que amplíe las posibilidades de los estudiantes. “Tenemos una falta muy grande, desde hace muchísimos años, que es la falta de una política lingüística”, advierte Werner.

El francés, en ese escenario, busca ocupar un lugar que considera propio. No como competencia del inglés ni como una opción meramente ornamental, sino como otra herramienta para estudiar, trabajar, viajar, investigar y relacionarse con el mundo.

Porque detrás de una palabra aprendida en otra lengua puede haber una cultura desconocida, una beca, un intercambio, un trabajo o simplemente una nueva forma de mirar aquello que hasta entonces parecía conocido.